
Son aquellos momentos, sentada en la butaca más vieja del desván, con el tercer álbum de fotos lleno de polvo entre las piernas; en el que algunos de años de tu vida quedan plasmados en fotografías, y solo te llevan a una conclusión. Muchos de los momentos que te han hecho sonreír forman parte del pasado, y también del ahora, porque al recordarlos, tímidamente sonríes. Sonríes porque has cerrado sin querer los ojos, y como quien no quiere la cosa, te has situado en aquel momento. Ves la fotografía desde otro punto de vista, desde tu punto de vista. Y en ese, en ese justo momento es cuando sonríes y se cuela una pequeña gota en forma de lágrima entre los labios. Cierras el viejo álbum y haces como si no te importara que la camisa se impregnase de polvo, y lo estrechas entre tus brazos con tanta fuerza que crees que por un momento todos aquellos instantes que se repiten en tu cabeza, cobran vida. Pasan como diapositivas. Muy deprisa, como si en fracciones de segundo vieras el trailer de la película de tu vida hasta ahora. Te emocionas porque sientes que aquellas personas que ya no están y aparecen en las fotos, parece que te abracen ahora, y se crea un momento de total y completa armonía contigo misma. Aunque lo que te mueve, lo que te inquieta por encima de todas esas reacciones que no logras entender, era justamente una sola foto, ella podría resumir todo lo que en una vida podrías imaginar. Y aunque la foto era movida, aquellos ojos tristes nunca se olvidan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Aceptaré todo tipo de comentarios, menos ofensivos.
Abro la posibilidad para que comente quien quiera con la opción "anónimo", sin que haga falta de que se registre, con la condición de que de alguna manera me haga saber quien es. Sino no lo aceptaré.