lunes, 23 de noviembre de 2009

En mil pedazos

Sin querer, queriendo, me quieres. ¿Maneras? Hay muchas. Aunque única solo una: la tuya. Tu sonrisa me la dicta, me la describe y luego me la confirma y me hace sentir especial. Estar así. ¿Así? ¿Cómo? Pues así. No lo sé exactamente, pero la respuesta está en mí, ¿no?
Sé que las estrellas están celosas de tu caminar, me lo han confesado tus piernas que han estado hablando con la mar, bañándose en ella. Un pez escuchó toda la conversación, ahora más de un acuario sabe la sorpresa: el secreto a voces del que siempre se habló, se reúne ahora en asamblea. Unos dicen, y otros callan su temor a que mis sueños se cumplan, pues causaría un problema y dolor, si cobrase vida: se colmaría la botella. Y que después se caiga y rompa, para que los cristales verdes me sirvan como esponja. Estarán todos clavados en mi piel y solo uno faltará para completarme: el que la sirena me robó por miedo a olvidar, o recordarme demasiado, por miedo a dejar de soñar que siempre la he amado.


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