sábado, 2 de enero de 2010

No siempre se recoge lo que una siembra

Para no saltarme la promesa de no volverte a ver ni en pintura, ya me tenias allí cultivando la mitad de mi felicidad, toda la que me había sobrado del año anterior, y también algunas semillas de amor que aún me quedaban. Ya lo ves, soy la de siempre, y este año no me cambiará, siempre tendrás una sonrisa cuando la necesites, a mi me están creciendo de sobras. Pero eso sí, este año me he propuesto no ser tan generosa y utilizar las de amor solo para mi.
Pensé mientras soñaba: “Crecerán en forma de espiral hasta enredarse en mi cuello, tomarán forma por otras ciudades secas, a las que llenarán de color. Cuando la primavera tiña mi cama de una gama de colores vivos y olores nuevos, sabré que tales campos habrán florecido. Aunque tú no podrás verlos, mi cama será un lugar casi ya desconocido que te vendrá grande, y desconocerás el camino. Pero te quedarán sonrisas. Sonrisas que te iré enviando de tres en tres, en exceso, para que eches de menos aquellos que eran mis besos, bajo las sábanas aquellas donde debajo no pasaba nunca nada.”
Pero cuando me quise dar cuenta, los pequeños brotes de las semillas de amor habían muerto, pues me olvidé que solo crecían si las dos les ayudábamos a hacerlo. Quise jugar al solitario, cuando era trabajo de dos, que aquello no crecía si no eran dos las que nos enamorábamos. Y como el pez que se muerde la cola, mi cosecha tuve que olvidar, tirándola a la basura mientras tú ahora te lamentabas y echabas de menos mis labios, como dije, y con falsas sonrisas postizas, de tres en tres.

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