Un amanecer eclipsado más, el sol fue iluminando poco a poco cada hoja caída, cada charco que reflejaba el día que hacía hoy, en el parque de la séptima avenida. Los pájaros, aún más encogidos por el frío poco a poco fueron echando a volar para darle los buenos días, a la estatua. Me refiero hacia ella como "la estatua" porque no es una cualquiera. Bien, sí. Puedes pensar que es lo que se dice siempre, pero si no te lo has creído hasta ahora, ¿por qué no hoy podrías hacerlo? Somos Martes. Y hace frío.
Últimamente los días flaqueaban, no eran de los mejores que se habían vivido, pero la estatua lo veía diferente. La verdad, a mi también me gustaba observarla, mientras algunos, u otros pocos pájaros atrevían a posarse en su estructura. Me gustaba pensar en como sería si... Me refiero a que no estaría mal ser como ella; si es de piedra, no siente, ¿no?.
Los días en el parque de la séptima avenida transcurrían lentos, y yo como cada Martes asistía allí, me sentaba, trataba de establecer una conversación con mi corazón, pero siempre acababa el peleado con mi mente. En cambio, al verla a ella, a la estatua, me tranquilizaba, y me sentía fuerte. A veces me sentía un poco gris y fría, como ella, aunque nunca creí que ella pudiera sentirse como yo.
Lo que no sabía era que ella también estaba recompuesta pieza a pieza; pero a ella le faltaban las más importanes, las de su corazón.

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