sábado, 30 de enero de 2010

Dorian - 10.000 metrópolis





10.000 metrópolis, flotan en tu iris.
10.000 metrópolis, no hay nadie en casa.
10.000 metrópolis, he tomado el vuelo.
10.000 metrópolis, aún te quiero.
10.000 metrópolis, me olvido de todo.
10.000 metrópolis, me pierdo.
10.000 metrópolis, ¿me explico?
10.000 metrópolis, todavía te quiero.

viernes, 29 de enero de 2010

Nadar no cuesta tanto


(EL SECRETO ESTÁ EN DESVELAR DONDE SE BESA EL CIELO Y EL MAR)




Tan sólo hacía falta escuchar de nuevo esas palabras que los ojos cantan. En diferentes labios, y miradas. Ahí es cuando aprendes a ver los trocitos de cielo en cada charco, y la afasia desvanece devolviendo el color a lo que era mi rutina. No niego que me gusta el blanco y negro, pero de esa forma no puedo ver la claridad de tus ojos con la que me miras. Hoy brillaban, también. Estás preciosa, he pensado. Y de nuevo te has dejado llevar al arrecife con tantas tareas acumuladas. Las burbujas resistentes que aún cuidan tu olor me persiguen, y estallan en forma de espiral cuando me falta el aire, y tengo que subir a respirar. Como no tengo nada mejor que hacer hoy me quedo, y seguramente también me quede mañana, aunque mi piel se arrugue y luego te vayas. Hablé hasta con la luna para que te quedaras, pero ella no bajó y ahora se resbala. Nunca quiso enseñarme su cara oculta de luna, no tenia confianza conmigo, ni con ninguna. Pero lo que vosotras no sabíais es que lograba teneros en el mismo lugar; cuando salía mi luna llena sin penas, y se reflejaba en el mar de mi sirena.

Sólo palabras - Cacto delafé






Creo en la paciencia,
Temo la palabra,
Odio la mentira;
Siempre por la espalda

Creo que te entiendo.
¿Esto es lo que opinas?
¿Sabes lo que siento?
¿En tu pensamiento?
¿Crees en las promesas?
Son solo palabras,
Yo creo en los actos;
El acercamiento.
Bésame si miento,
Dame tu saliva,
Vives mi deseo,
Siempre de escondidas
Aquí la palabra,
En segundo plano
Sientes el aroma,
Vida; escucha, mira.
Veo la salida
Siempre afirmativa

(CAMINARÉ CIEGO, PORQUE SÉ QUE MIRAS)


Dime con tus dedos,
Que no habrá más peros.
Que siempre seremos
Mientras nos toquemos.
Luz entre las ramas;
Seis de la mañana
Llegan los colores
Nacen las fragancias,
Dime esa palabra,
Que tus ojos cantan
Como fluye el viento,
Como corre el agua
Entre las montaña.
Bésame los labios
Tócame la cara
Que me tiembla el alma.

Poseía, poesía,
Caminaba, componía
Comparaba concentrada
Si buscaba, encontraba
Contaba y cantaba...

(...)

no tengo a donde ir,
así que iré a cualquier lugar
a cualquier lugar...
porque no tengo a donde ir...

martes, 26 de enero de 2010

Hoy no


Un amanecer eclipsado más, el sol fue iluminando poco a poco cada hoja caída, cada charco que reflejaba el día que hacía hoy, en el parque de la séptima avenida. Los pájaros, aún más encogidos por el frío poco a poco fueron echando a volar para darle los buenos días, a la estatua. Me refiero hacia ella como "la estatua" porque no es una cualquiera. Bien, sí. Puedes pensar que es lo que se dice siempre, pero si no te lo has creído hasta ahora, ¿por qué no hoy podrías hacerlo? Somos Martes. Y hace frío. 
Últimamente los días flaqueaban, no eran de los mejores que se habían vivido, pero la estatua lo veía diferente. La verdad, a mi también me gustaba observarla, mientras algunos, u otros pocos pájaros atrevían a posarse en su estructura. Me gustaba pensar en como sería si... Me refiero a que no estaría mal ser como ella; si es de piedra, no siente, ¿no?. 
Los días en el parque de la séptima avenida transcurrían lentos, y yo como cada Martes asistía allí, me sentaba, trataba de establecer una conversación con mi corazón, pero siempre acababa el peleado con mi mente. En cambio, al verla a ella, a la estatua, me tranquilizaba, y me sentía fuerte. A veces me sentía un poco gris y fría, como ella, aunque nunca creí que ella pudiera sentirse como yo.
Lo que no sabía era que ella también estaba recompuesta pieza a pieza; pero a ella le faltaban las más importanes, las de su corazón.











jueves, 21 de enero de 2010

No solo es pensamiento del autor

Doble o nada,
Mar eterno    y pase lo que pase
tuyo.

Fuego
que en caricias acaba.
Nunca me has tocado
y sueñas con las rimas   que no existen
o sí,
pero eso no lo sabrás
siempre.

Rompe
mi auto convencer.
Llama a las cosas por su nombre
cada noche,        enredada en sábanas blancas,
como sus dedos mojados
en mi corazón
azul.







martes, 19 de enero de 2010

Perdona si te llamo amor

Y sonreír, y comprender, y cerrar los ojos, y notar incluso los segundos que corren por nosotros. Y saber vivirlos todos a fondo, y saborearlos con una sonrisa, con preocupación, con esperanza, con deseo, con claridad, con cualquier duda. Pero saborearlos, saborearlos a conciencia.





Federico Moccia

Sirena

Tengo la convicción de que no existes
y sin embargo te oigo cada noche
te invento a veces con mi vanidad
o mi desolación o mi modorra
del infinito mar viene su asombro
lo escucho como un salmo y pese a todo
tan convencido estoy de que no existes
Que te aguardo en mi sueño para luego.

- Mario Benedetti


(No existes y sin embaro te oigo cada noche, tu también puedes oirme. Del infinito mar yo también vengo, y eso no me impide volver a sentir, sin dejar de sentirte)

En el aire...

De quién será la culpa, 

¿del autor o de su musa?

domingo, 17 de enero de 2010

Todavía...






Amor. No escribiré sobre lo que desconozco, pero empiezo con una palabra que parecía ya guardada en un cajón triste, y sin la intención de volverse a abrir. Una vez más la vida me sorprende, me ha pillado lavándome los dientes con canciones del ayer. Canciones que ahora solo te canto a ti, contando las horas que faltaban para volverte a ver, cuando el reloj esta parado. Lo que más me desconcierta es que cuando estás se vuelve a mover, sin yo decidirlo ni darme aludida para cuando toquen las tres. Intentamos pararlo pero el intento es en vano, aunque no hay prisa, me tienes rodeada en tus brazos. Lentamente descubres mis labios, yo muerdo los tuyos y tú quieres besarlos. Son momentos eternos, infinitos, preciosos… Y hablan, sin ser hablados.

Segundo asalto








Escribo para que tú me leas, en hojas lilas y tinta azul, y que de mientras el cascabel haga su trabajo, desde la caja fuerte, y así lo oigas cantar. Compone nanas mientras duermes, las cuales nunca te pude cantar, se queda sin voz cuando amanece y te ve despertar; el pelo sin peinar resalta el camisón, camisón transparente que solo desprende aquella unica olor. “Quisiera ser esa ráfaga de viento que te ha peinado tan graciosa, al abrir la ventana”, sueña el cascabel. Él sigue observando desde el fondo, dentro de la caja, y la sirena sigue en la cama tratando de encontrar la gota que cayó en forma de ilusión rota, debajo de la cama. Ya se niega a morder la almohada, y decidida se tira al agua. Nunca caería si ella no decidiese hacerlo. Bucea hasta el fondo en forma de espiral, el cascabel intuye lo que va a pasar; pues ya se ha visto reflejado en el cristal. Y aunque el agua amortiza su sonido,  tu lo logras escuchar. Cuando de pronto llegas, la respuesta hallas y solo la sabes(entiendes) tu. Con una sonrisa, luego, se te cierran los labios, al unísono.



sábado, 9 de enero de 2010

Vueltas y vueltas


Sin que me hubiera dado cuenta, estabas ahí. Lo habías estado todo el tiempo. También suceden las cosas que no pasan, también están vivas, pero ahora estallan. Estallan con fuerza, con soltura, sin permiso, sin descanso, sin preguntas… En forma de besos que estuvieron guardados dentro de mi, y también de ti. En forma de caricias, que nunca imaginé que serían dadas. En forma de miradas que sonrojan lo que mi mente aún calla. Quien me iba a decir a mí, que después de tantos fríos inviernos, ahora ya siempre serán primaveras...











viernes, 8 de enero de 2010

Posesión Luminosa

Igual que este viento, quiero figura
de mi calor ser y, despacio,
entrar donde descanse tu cuerpo del verano;
irme acercando hasta él sin que me vea;
llegar, como un pulso abierto latiendo en el aire;
ser figura del pensamiento mío de ti,
en su presencia; abierta carne de viento,
estancia de amor en alma.

Tú -blando marfil de sueño, nieve de carne,
quietud de palma, luna en silencio-,
sentada, dormida en medio de tu cuarto.
Y yo ir entrando igual que un agua serena,
inundarte todo el cuerpo hasta cubrirte, y, entero,
quedarme ya así por dentro como el aire en un farol,
viéndote temblar, luciendo, brillar en medio de mí,
encendiéndote en mi cuerpo,
iluminando mi carne toda ya carne de viento.”





Emilio Prados.

SONETO DE LA DUCE QUEJA



Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento 
que me pone de noche en la mejilla 
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas, y lo que más siento 
es no tener la flor, pulpa o arcilla, 
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado, 
si soy el perro de tu señorío.

No me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi Otoño enajenado.
 
 
 
 
 
Federico García Lorca 



AY VOZ SECRETA DEL AMOR OSCURO



¡Ay voz secreta del amor oscuro!
¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida!
¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!

¡Ay noche inmensa de perfil seguro,
montaña celestial de angustia erguida!
¡ay perro en corazón, voz perseguida!
¡silencio sin confín, lirio maduro!

Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.

Deja el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, ¡rompe mi duelo!
¡que soy amor, que soy naturaleza!



Federico Garcia Lorca

jueves, 7 de enero de 2010

En colores....















 Cuando alcé la vela y retomé el control del timón, a penas sin darme cuenta la marea se había calmado; las olas habían pasado de ser de cinco metros a estar ahora tranquilas y lisas, tan nítidas que lograba ver todos los tesoros del fondo, pero ya el oro no era mi objetivo, ¿para que lo quería? El cielo se destapó, y ya no tan vergonzoso dejó ver su azul más calido, mientras el sol hacia el resto del trabajo. Me sorprendí un poco porque, no era normal lo que había acabado de pasar… pero entonces recordé la frase del anillo: “esto también pasará”. Me tranquilizaba, y me daba fuerzas para seguir, me ayudaba a recordar que no estaba tan sola. Durante unas horas navegué en alguna dirección, no sé en cual, la tormenta anterior me había arrebatado la brújula y muchas más pertenencias que tampoco usaba demasiado. A penas me di cuenta y me quedé dormida en algún punto de aquel mar que desconocía, pero cuando desperté estaba en tierra firme. Una isla. “Lo que faltaba” – pensé – “¿ahora vamos a jugar a los náufragos también?”. La verdad es que en el fondo me gustó acabar allí, o empezar una nueva etapa; me gustaba descubrir, desenterrar, navegar, buscar, encontrar, observar y superarme en cada nuevo lugar exótico en el que aparecía, pero lo que yo no sabía era que aquel sería diferente. De pequeña siempre había soñado con enamorarme entre árboles sabáticos, y una cascada gigantesca con una posada detrás de ella, y construir una casa árbol para vivir, y lo que tampoco sabía era que acabaría siendo así.
Al tiempo de llegar a la isla me di cuenta de que no estaba sola, alguien me estaba vigilando, o al menos siguiendo; me sentía observada… Pero como no tenia más retrovisor que girarme, para ver de quien se trataba, no me daba cuenta y ya se escondía. No supe decir en aquel momento si era un animal… o qué era aquello; pero su mirada salvaje, que me descomponía en mil pedazos que luego seguían intactos; me podía, y su sonrisa… de su sonrisa os hablaré otro día…




miércoles, 6 de enero de 2010

Cuentos de nadas


Una sola vez; hará ya… ¿dos días? Que más da, ... Me dediqué a esperar en la cola de la buena suerte, acompañado de una ninfa. Era bastante raro, porque las ninfas no suelen hacer buenas migas con nosotros, los gnomos, pero aquella era diferente. No cantaba ni bailaba, ni se pasaba el día mirándose en el agua para controlar que su pelo estaba en el mismo lugar. Observé cada gesto, mientras los dos hacíamos cola; había veces que se mordía el labio inferior, y fijaba la vista en el cielo; y otras, simplemente sus mofletes se sonrojaban porque me quedaba mirándola fijamente. Puede parecer una tontería, pero el estar allí, esperando y avanzando dos pasos cada cinco minutos me hacía sentirme bien, pero solo porque ella me acompañaba. Cuando ya éramos los terceros de la cola, un hombre no muy simpático nos dijo que ya cerraban, la suerte se había agotado por hoy, que volviéramos mañana. Eso a la ninfa pareció entristecerle, y yo tenía que hacer algo; le agarré de la mano y la llevé donde nunca antes se había reflejado; el gran e incesante mar. Al principio parecía algo asustada, pero en cuestión de segundos se puso a revolotear por la orilla, mientras yo tarareaba algo parecido a una canción. Puede que sea raro, o diferente… pero no crucemos ninguna palabra desde la cola de la buena suerte, no conocía el sonido de sus labios pero aún y así creí enamorarme de lo que era su voz. Mientras la observaba, me la imaginaba, y sin darme cuenta millones de sonrisas explotaban y se multiplicaban sin pedirme siquiera permiso. De vez en cuando me miraba, y me gustaba creer que me quería. Pasamos la noche, entre olas y caricias, para volver a la cola al sol siguiente, que al fin y al cabo era todo lo que la ninfa quería. Se fue tal como vino, sin pensar siquiera, que la suerte la tenía a su lado.



Puede que al final no fuera una ninfa, ni todo lo que yo vi con una falsa vista, y su sonrisa no fuera sincera, pero eso no lo sabré nunca. Aunque yo me quedé pensando para siempre: en el como sería su voz...

sábado, 2 de enero de 2010

No siempre se recoge lo que una siembra

Para no saltarme la promesa de no volverte a ver ni en pintura, ya me tenias allí cultivando la mitad de mi felicidad, toda la que me había sobrado del año anterior, y también algunas semillas de amor que aún me quedaban. Ya lo ves, soy la de siempre, y este año no me cambiará, siempre tendrás una sonrisa cuando la necesites, a mi me están creciendo de sobras. Pero eso sí, este año me he propuesto no ser tan generosa y utilizar las de amor solo para mi.
Pensé mientras soñaba: “Crecerán en forma de espiral hasta enredarse en mi cuello, tomarán forma por otras ciudades secas, a las que llenarán de color. Cuando la primavera tiña mi cama de una gama de colores vivos y olores nuevos, sabré que tales campos habrán florecido. Aunque tú no podrás verlos, mi cama será un lugar casi ya desconocido que te vendrá grande, y desconocerás el camino. Pero te quedarán sonrisas. Sonrisas que te iré enviando de tres en tres, en exceso, para que eches de menos aquellos que eran mis besos, bajo las sábanas aquellas donde debajo no pasaba nunca nada.”
Pero cuando me quise dar cuenta, los pequeños brotes de las semillas de amor habían muerto, pues me olvidé que solo crecían si las dos les ayudábamos a hacerlo. Quise jugar al solitario, cuando era trabajo de dos, que aquello no crecía si no eran dos las que nos enamorábamos. Y como el pez que se muerde la cola, mi cosecha tuve que olvidar, tirándola a la basura mientras tú ahora te lamentabas y echabas de menos mis labios, como dije, y con falsas sonrisas postizas, de tres en tres.