martes, 29 de diciembre de 2009
Sin título (de momento)
Es muy triste empezar otra canción diciendo que te echo de menos, que he cortado la calle, y que mi coche no tiene frenos. Una siempre canta la misma canción de la musa que duele, que muerde y se pierde, tras unas copas de más. Siempre escribo la misma historia sobre los besos que nunca diste, las caricias que perdiste, por jugar a jugar. ¿Y qué puedo hacer? Arrancarme la piel, o echar a llorar… Para eso me ahorro el exceso que tienen tus besos y me alzo a volar. Elijo el viento porque allí nacen los sentimientos que te voy a cobrar, enredo los míos, los soplo con pequeños suspiros, que me cuestan cantar. Llego hasta las nubes, para tirarme de cabeza, hay cosas que una mujer no quiere evitar. Pero antes de llegar al suelo, miro al cielo y planeo, la Luna me mira y no la puedo fallar; retomo el vuelo y me pierdo entre lo azul, llego a un bosque que es mi norte y mi sur, allí las ninfas cantan y me inspiran a escribir una nueva canción: mi corazón es el espejo, que refleja lo que una vez, ella vio.
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