Hay muchas clases de nombres; cortos, extremadamente largos, fáciles de recordar, con difícil pronunciación. Nombres que no les gustan a sus propios inquilinos, también nombres exóticos, nombres poco habituales, que tienen miedo a ser, otros que son preciosos y tienen tilde. Este último caso es más mágico al resto, por más de una razón. Pero no se deja ver, está en mi cajita que refleja lo que ella vio, si la abres. También se escapan los sueños de ella, los que tengo cada noche, se esparcen por la habitación bailando y crean una melodía que suena a cascabel recién nacido. Intento susurrarles, que no paren de son(ñ)ar, pero la voz no me sale, como si se hubiera ahogado en el mar, y vuelven a columpiarse hacia dentro, se esconden. Entonces me doy cuenta que la he perdido, por haber gritado o cantado demasiado las siete veces que deseé volverte a ver, cuando solo tenia que abrir el regalo otra vez. Estabas allí metida, y tus ojos, y tu naricilla, y tu pequeña sonrisa de Amelie…
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Aceptaré todo tipo de comentarios, menos ofensivos.
Abro la posibilidad para que comente quien quiera con la opción "anónimo", sin que haga falta de que se registre, con la condición de que de alguna manera me haga saber quien es. Sino no lo aceptaré.