Camino. Avanzo dos pasos y me vuelvo girar. Después sigo hacia delante, pero me empeño en pasear en el ayer, mientras vuelvo a entrar en el recuerdo. Entro de la misma forma que una misma, se imagina traspasando el espejo.
Una vez en su interior. Veo como llueve. Y sé que tú lo sientes, desde las profundidades. Pero en cambio tú sonríes. Sigue lloviendo. Poco a poco empiezo a sentir la lluvia en mi piel. Una gotita me cae en la nariz. Me recuerda que también respiro. Resbala hasta mis labios. Se les antoja besar. Y busco en el pasado. Allí no te hallo. Puedo estar enamorada de un futuro, que me pillará con las persianas subidas. Para eso me bajaré el falso de los pantalones.
Volveré a caminar de nuevo. Para dejar rastro, ahora. Y sin sentido, dando vueltas. Hacia detrás, hacia delante. Pero siempre con un rumbo. Escuchando el latir de tu corazón. A lo lejos. En el fondo. Donde no hay espejos suficientes que puedan reflejar la totalidad del mar, y yo no puedo olvidar el mar de tus ojos. ¿Cómo hacerlo si en el fondo de ellos me espera una sirena? Y me pierdo…

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