Vivir como si nadie me estuviera mirando. Hacer que la vida valga la pena, sin marcas en los nudillos. Ni en las muñecas. Sonreír a los semáforos. Pelar una manzana, roja, con los dientes. Que te sonrojes. Pequeñas sensaciones, grandes significados. Hay cosas que se saben, sin hablarlas. Se saben sin más. El cielo; el mar, y tantas cosas más. Cenizas que a veces avivan las ascuas. Solo a veces. Fotografías, no recuerdos: fotografías. Silencios repletos de diálogos. Todos llenos de nadas. Nuncas acabados en siempres. Coser sonrisas en un papel, tiñendo los sueños que me vienen a ver. Caricias transparentes que te hacen volar. Abrazos que no tocan el suelo. Camas separadas. Juntas en mi imaginación. Arena en el olvido, entre los dedos de mis pies. Vienes a verme. El cascabel me sigue. Canta. Me da los buenos días. ¿A ti también? Juguemos a vivir entre las luces de las farolas de tu calle. Tus cosas. Las mías no porque nunca te las cuento. Mentiras exageradas de profundas verdades. Labios que callan deseos de abrazar. Me has rozado con la chaqueta. Miro. Apartas la mirada. Estás pensando en mí. Otra vez. Puedo ser también egocéntrica. Pero es que tengo razón. Te gusto, pero tú aún no lo sabes.
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