¿Cuántos suspiros te cabrían en la boca, tras fantasear una tarde en el séptimo cielo?
Son pocos, al desconocer los que el futuro está aproximando.
Sin embargo, el destino mengua en cada trance, haciendo que pierdas el rumbo.
Sin amanecer en mis sábanas blancas.
Tú aparecerás en otras caderas: húmedas;
sin escamas y a trompicones.
Desayunando hastíos.
Superviviendo en días que quiere llover y no llueve:
Domingos.
En cambio yo, seguiría trabajando en ilusiones;
Con fantasías.
Desayunando hastíos también.
Desayunando hastíos también.
Pretendiendo innovar el tic-TAC,

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