No debería preocuparme, aunque supongo que en el fondo me gusta que me mire con esos ojos, para respirar después yo, tranquilidad. También me tranquiliza que me abrace, diciendo que todo irá bien. Sí, eso me encanta, y también la forma con la que me agarra el brazo, con fuerza, la que me transmite. No me siento sola entonces, pero así, luego, veo en sus ojos reflejada la tristeza de los míos, y puedo volver a abrazarla. Sé que nada malo podría ocurrir allí, entre sus brazos. Brazos entre los que algún día dormiría si no fuera osadía el usar como almohada su corazón, al mismo tiempo que escucho los latidos, y pausadamente, luego, dormirme. Y entre sueño y sueño recordase que se nos acaba el tiempo, aunque ese momento ya no nos lo quitaría nadie, sirena, ni siquiera el señor reloj.
Y en ese subconsciente en el que el tiempo siempre pasa rápido, sin que pase y sin que haya pasado, ya sé que le gusta tener mi mirada, girarse sabiendo que estaré junto a su espalda y también me atrevo a decir que se le sonroja la sonrisa, ¿por qué? Los ojos también le brillan, por eso lo sé. Le gusta mirarme sin mirar, caminaré ciega porque sé que mirará. Le gusta rascar las aguas nítidas por encima del cascabel, aunque jamás lo consigue, se que prefiere escucharlo a él; y seguir con el subconsciente mi camino después; que si sigo y no sigo, que si vuelvo a caer. Sé que des de lejos también vigila, que compone y bautiza peceras pensando en mí. Intuyo que pasea, con la excusa de encontrarme, inventando casualidades que acaban por no existir. También sé que lee y que escribe con aroma de manzanas que inspiran las escamas intentando poseer. Pero tiene que volver del subconsciente, es el mar y no otra parte, y más siendo juez y parte: tendría que besar bajo yates, o esperar a que sea martes para saborear la palabra amor.
Nunca dije que ella me amase, son cosas que nunca pasan, su tritón la espera en casa, con periódico y en el salón.
Y en ese subconsciente en el que el tiempo siempre pasa rápido, sin que pase y sin que haya pasado, ya sé que le gusta tener mi mirada, girarse sabiendo que estaré junto a su espalda y también me atrevo a decir que se le sonroja la sonrisa, ¿por qué? Los ojos también le brillan, por eso lo sé. Le gusta mirarme sin mirar, caminaré ciega porque sé que mirará. Le gusta rascar las aguas nítidas por encima del cascabel, aunque jamás lo consigue, se que prefiere escucharlo a él; y seguir con el subconsciente mi camino después; que si sigo y no sigo, que si vuelvo a caer. Sé que des de lejos también vigila, que compone y bautiza peceras pensando en mí. Intuyo que pasea, con la excusa de encontrarme, inventando casualidades que acaban por no existir. También sé que lee y que escribe con aroma de manzanas que inspiran las escamas intentando poseer. Pero tiene que volver del subconsciente, es el mar y no otra parte, y más siendo juez y parte: tendría que besar bajo yates, o esperar a que sea martes para saborear la palabra amor.
Nunca dije que ella me amase, son cosas que nunca pasan, su tritón la espera en casa, con periódico y en el salón.
brgbrbgrbg este texto es precioso! dios como clava!
ResponderEliminar:)
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